Los jugadores europeos deben cumplir tanto los requisitos de admisión de la universidad como las normas de elegibilidad deportiva, lo que suele incluir haber completado la educación secundaria, aportar expedientes académicos y, en algunos casos, pruebas estandarizadas como el SAT/ACT o exámenes de inglés.
Una vez matriculados, se espera que los jugadores sean estudiantes a tiempo completo, normalmente cursando entre 12 y 18 créditos por semestre y manteniendo un promedio mínimo (GPA) para seguir siendo elegibles para competir.